martes, 6 de agosto de 2013

NO ME PASARÁ NADA

La Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad fue fundada en Murcia,  a finales de junio de 1993.
La Cofradía creció en sólo seis años en cuanto a su número de pasos, pero no lo hizo bien y de inmediato hubo un sentir unánime en cuanto a la conveniencia de sustituir alguno de los nuevos pasos realizados, ante su evidente falta de calidad artística. Así pues, la Junta Directiva de la Cofradía decidió ir cambiándolos poco a poco, conforme fuese pudiendo, pero entre muchos de sus cofrades siempre hubo un verdadero rechazo y oposición a cambiar la imagen del Cristo de la Caridad, Titular de la Cofradía.
Finalmente, tras muchas deliberaciones y debates, la Junta Directiva de la Cofradía tomó la decisión de ir viendo diversas posibilidades para elaborar una nueva imagen del Cristo, pero no consiguieron que ningún escultor les hiciese un proyecto con un precio que se adaptase a sus menguadas  posibilidades  económicas.
Tampoco lo tuvieron fácil por la parte financiera, ya que no lograban que los bancos les ofreciesen un crédito con unas condiciones asumibles por parte de la Cofradía.
Parecía como si fuese el propio Cristo de la Caridad quien no quisiera que su imagen fuese sustituida, y pusiera todas las trabas posibles a los intentos de cambio de la imagen.
Entre los más fieles devotos del Cristo se encontraba un tal Manuel quien, a la lógica devoción, por tratarse de uno de los nazarenos estantes que cargaban al Cristo sobre sus hombros durante la Procesión, se unía la que provenía de la circunstancia de que un hijo suyo había estado gravemente enfermo y tras rezarle al Cristo de la Caridad, rogándole por su curación, su pequeño había conseguido superar la enfermedad, hecho que Manuel siempre atribuyó  a una intervención directa del Cristo.
Cierto día Manuel, que vivía en la calle Pascual, muy cerca de Santa Catalina, vio una gran columna de humo que salía desde la iglesia. Se había declarado un incendio en ella.
Rápidamente corrió hacia la iglesia, llegando ante su puerta al mismo tiempo que el sacristán. Entre los dos abrieron las puertas, entrando en el templo y comprobando que el fuego se había declarado junto a la Capilla que ocupaba la imagen del Cristo de la Caridad.
Presurosamente, entre los dos intentaron poner a salvo la imagen, pero sólo consiguieron descolgarla de la pared y dejarla tumbada en el suelo.
Con el Cristo ya en el suelo, Manuel miró hacia el techo y vio que una gran viga de madera ardiendo iba a caer de un momento a otro sobre la imagen del Cristo por lo que, poniendo en juego su propia vida mientras pensaba y se decía: “Dios está arriba y no me pasará nada”, se tumbó sobre el Cristo para proteger la imagen con su propio cuerpo, cayendo en ese preciso instante la viga ardiendo sobre Manuel, salvando con su cuerpo a la imagen del Cristo de su segura destrucción pero, inconsciente por el tremendo golpe recibido, Manuel perdía la vida envuelto en llamas.
El alma de Manuel fue directamente al Cielo y al llegar, San Pedro le recibió y le llevó ante Jesús, comprobando que su semblante tenía  la misma expresión de paz que tenía el rostro del Cristo de la Caridad.
Jesús, tras recibirle con una sonrisa y un cálido abrazo le preguntó  -“Manuel: ¿por qué lo hiciste?”-  A lo que Manuel le respondió  -“No podía dejar que ardieras Señor, igual que tú no abandonaste a mi hijo cuando te pedí por su vida”-.
En el funeral por Manuel, seguro que fue el propio Jesús quien habló por boca del Obispo diciendo que: “Al igual que un día hubo un buen hombre que salvó de las llamas la imagen del Cristo de la Expiración de Sevilla, conocido popularmente como “El Cachorro”, para que la ciudad sevillana pueda ver cada Viernes Santo la prodigiosa imagen del Cristo desgranando a cada paso su agonía, ahora tú, Manuel, has dado tu vida por salvar de las llamas la imagen del Cristo de la Caridad, para que la ciudad de Murcia pueda ver cada Sábado de Pasión la expresión de paz y caridad infinitas que emanan de su rostro”. 







Juan Manuel Nortes González        (22/05/2012)



Cuento escrito con motivo del XX Aniversario de la Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad.

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